LA PROMESA DEL LIENZO

Con sólo veintitrés años de edad el gijonés Nacho Torra ya ha expuesto sus lienzos en dos exitosas ocasiones; su primera exposición en 2010 llamada “Abriendo paso a los monstruos y los ángeles” y la segunda titulada “Tráeme flores mientras no este muerto”, ambas expuestas en la Fresh Gallery de Madrid, y ésta última, se exhibe estos días hasta el 23 de Noviembre.

Nacho Torra es la joven promesa de la pintura nacional, junto a su pincel ha convertido esta disciplina artística en un pilar fundamental de su vida, a pesar de su corta edad. Esta segunda exposición es la ocasión perfecta para adentrarse en un cosmos pictórico, orquestado bajo la batuta de Torra donde cada trazo esta marcado por un talento imparable que crece a pasos de gigantes.

Su pasión por la pintura emergió desde muy temprana edad siendo una constante en su día a día. Posteriormente, su entusiasmo por la pintura le llevó a estudiar Bellas Artes en la Universidad de Cuenca, donde se dedicó inicialmente a investigar sobre el campo de esta disciplina, a la vez que dedicaba intensas horas a una de las expresiones artísticas humanas más antiguas y una de las siete Bellas Artes.

La segunda exposición que propone este jovencísimo pintor bautizada bajo el nombre “Tráeme flores mientras no este muerto”, es un recorrido por más de cuarenta cuadros con el que el artista reflexiona sobre uno de los aspectos esenciales del género de la naturaleza muerta: la pintura de flores. Un género que a lo largo de la historia, ha sido representado por artistas como Van Gogh, Matisse, Picasso, Honckney o Henri Rosseau, y que para el artista un claro referente.

Esta obra se puede definir como una representación gráfica maravillosa y afectiva, basada en enérgicos trazos y colores brillantes. Nacho pinta, repinta, borra y añade nuevos elementos una y otra vez, que sólo son frenados en el momento en que están frente a los ojos del espectador.

Lo más destacado de esta creación es que deriva de un arduo proceso de investigación, el cual arranca a partir del interés del autor sobre regalar flores cuando uno está enfermo o se ha muerto y, sobretodo, de la corta vida que tienen esas flores, al final se marchitan. Con ello, inevitablemente se plantea una visible dualidad entre la connotación de llevar flores a un lugar sin vida y el modo tan vital en que se representan en los cuadro.

Las flores no mueren, al contrario, permanecen vivas gracias a la intensidad, colorido y vitalidad con las que el autor las representa. En suma, en esta exposición se plantea la relación entre la vida y la muerte de un forma directa.


Texto: Actitudes Team

Web: nachotorra.com


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